Según un nuevo estudio, los latidos constantes del corazón podrían inhibir activamente el crecimiento tumoral en los tejidos cardíacos. Esto se debe a que las vías celulares de estos tejidos alteran la regulación génica de las células cancerosas para impedir su proliferación.
Los hallazgos arrojan luz sobre el papel de las fuerzas mecánicas en la protección del corazón frente al cáncer y podrían allanar el camino hacia nuevas terapias contra el cáncer basadas en la estimulación mecánica.
El cáncer de corazón es muy poco frecuente en los mamíferos. Es más, el corazón humano adulto tiene una capacidad limitada de autorrenovación, ya que los cardiomiocitos se regeneran a un ritmo aproximado del 1 % al año.
Una de las explicaciones propuestas para estas características radica en las intensas exigencias mecánicas a las que se ven sometidos los tejidos cardíacos, que deben bombear sangre continuamente contra una resistencia significativa.
Parece que esta tensión persistente suprime la capacidad de las células cardíacas para proliferar. Según Giulio Ciucci y sus colegas, estas presiones también podrían inhibir la proliferación de células cancerosas en el corazón.
Sin embargo, los mecanismos subyacentes a esta resistencia siguen sin estar claros. Utilizando un modelo de ratón modificado genéticamente, Ciucci et al.
descubrieron que el corazón es notablemente resistente a las mutaciones causantes de cáncer, incluso cuando se introdujeron potentes cambios oncogénicos.
Para comprender el motivo, los autores desarrollaron un modelo de trasplante en el que se podía reducir la carga de trabajo mecánica del corazón.
Mediante el injerto de un corazón de donante en el cuello de un ratón compatible, crearon un órgano «sin carga mecánica», que seguía perfundido con sangre pero no soportaba tensión fisiológica.
Tras inyectar células cancerosas humanas directamente en el músculo cardíaco, compararon el comportamiento tumoral en el corazón trasplantado sin carga con el del corazón nativo del animal, mecánicamente activo. A lo largo de sus experimentos, Ciucci et al.
descubrieron que la carga mecánica suprimía de forma sistemática el crecimiento de diversos tipos de cáncer, mientras que la descarga del corazón promovía la proliferación de células tumorales dentro del tejido cardíaco.
Según los hallazgos, las fuerzas mecánicas dentro del tejido remodelan el panorama regulador del genoma de las células cancerosas, influyendo en la capacidad de estas para proliferar.
Un elemento central de este proceso es Nesprin-2, una proteína que transmite señales mecánicas desde la superficie celular al núcleo.
Nesprin-2, un componente del complejo LINC, detecta el microambiente mecánico del corazón y altera funcionalmente la estructura de la cromatina y la metilación de histonas, reduciendo la actividad génica relacionada con la proliferación de células tumorales.
Cuando se silenciaba la Nesprin-2 en las células cancerosas, estas recuperaban la capacidad de crecer en el entorno mecánicamente activo del corazón, formando tumores.
En una «Perspectiva» relacionada, Wyatt Paltzer y James Martin analizan el estudio y sus hallazgos con mayor detalle.
Artículo: La carga mecánica inhibe el crecimiento del cáncer en corazones de ratones y humanos
Fuente: Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS)
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